Viajar no es un placer

No, no me malinterpretéis. No digo que viajar no esté bien, simplemente que no siempre es un placer. Muchas veces se viaja por placer, por unas vacaciones, pero esto no es todas las veces el caso. En otras ocasiones hay que viajar por obligación, por una visita forzada, o simplemente por temas de trabajo. Y en este último caso me encuentro yo, viajando continuamente por temas laborales.

Resulta curioso cómo cambia la perspectiva de uno cuando el avión pasa a formar parte de tu vida hasta el punto de que te pasas más horas a la semana montado en uno, que conduciendo por tu ciudad. Cuando eso sucede es cuando pasas de relacionar el viaje con las vacaciones, a relacionar el viaje con algo menos placentero.

Pero sin duda, lo más complicado es intentar hacer ver a la gente que el hecho de que en tu trabajo se viaje continuamente, no significa que continuamente se esté de vacaciones. En un momento dado siempre te encuentras con aquel que dice: «No me digas, ¿estás trabajando en París? ¿Genial no?” A lo que instantáneamente se te vienen cientos de cosas a la cabeza: «Si, un auténtico placer: Perder cuatro horas en el aeropuerto en toda la semana, disfrutar del horripilante metro de París como medio de transporte, sufrir cada vez que quiero pedir algo de comer debido a mi pésimo francés y estar tantas horas en la currando que el único monumento que puedo ver en toda la semana es la Torre Eiffel desde la ventana de la oficina». Pero para no complicar mucho la respuesta simplemente dices: «Sí, está bien».

No es menos curioso cómo cambia tu mente a la hora de plantearte las vacaciones. Recuerdo cuando trabajaba continuamente en Madrid, no pasaba un día de vacaciones parado en Segovia, si no que aprovechaba los días hasta el punto de coger los aviones nada más salir del trabajo, y la vuelta para llegar al curro a las 9:00 en punto. Ahora sin embargo, la mayoría de las vacaciones me las planteo para descansar unos días en Segovia y recuperarme del frenético ritmo de ir de un lado para otro.

Aunque, también he de reconocer que no todo son cosas negativas. Si intentas buscar lo positivo, viajar continuamente te permite muchas cosas que son prácticamente imposibles de otro modo: Conocer a fondo ciudades desconocidas, chapurrear varios idiomas para sobrevivir, ir a sitios que ni siquiera sabías de su existencia, conocer a gente de lo más variopinta venida de todas partes del mundo…

En definitiva, que viajar no es siempre un placer, pero aunque no sea un placer, siempre se puede encontrar la guinda que endulza cada viaje.

Milhaud

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