Aranjuez, Villa y Real Sitio, inspiración para el arte y reclamo histórico por excelencia de España, se convirtió el pasado fin de semana en mi lugar de viaje. Cuando uno vive en Madrid y no dispone de demasiado tiempo para invertir en viajar apuesta por la cercanía y la sencillez. Y en este caso tocó Aranjuez. Muchas cosas malas se han dicho y se dirán del sistema de transportes ferroviario pero para visitar las cercanías de Madrid, el tren es lo más recomendable.

Partiendo tras una serie de imprevistos, que pudieran haber animado al más supersticioso a no ir, conseguimos llegar a la Villa. El hambre ya había hecho mella en nuestro cuerpo desde hacía rato, aunque se olvidó por un rato gracias a una pequeña siesta de 30 minutos en el tren, casi lo mismo que dura el trayecto.

Con aspecto de pueblo castellano, al salir del autobús que nos llevó al centro, nos guiamos por las ganas de comer para elegir restaurante. El primero que vimos fue el elegido.

La tarde transcurrió en el famoso Palacio Real. Digno de reyes y reinas que le hacen o hicieron honor. Cabe destacar la limpieza y la belleza de sus jardines y canales, muy recomendables para fotografiar.


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Para acabar diré que pasar un día soleado en Aranjuez puede ser un plan acertado, por su bajísimo coste, apenas nada, y la inmensidad de imágenes que reporta a nuestros ojos este también llamado Real Sitio de Aranjuez.