Estuve en Sevilla con unos amigos hace varios meses. Tras el largo viaje en carretera se nos olvidó al llegar a la ciudad y poderla descubrir aquel día con una temperatura envidiable. Más tarde nos acompañaron las lluvias, pero con el lema “la lluvia en Sevilla es una maravilla” nos dispusimos a recorrer a pie muchas de sus calles. La verdad es que no importa caminar bajo la lluvia, si la temperatura acompaña.

Nuestro primer monumento a divisar fue la “Torre del Oro” pues estaba cerca del lugar donde íbamos a hacer noche durante unos días, el barrio de Triana. Ella fue nuestra guía durante todos los días en la ciudad, pues nos servía de referencia para orientarnos.

Depende de la época del año, pero yo aconsejaría que, por si acaso, lleveis encima un paraguas o dos, o tres… o un chubasquero. Lo de los dos paraguas lo digo porque tanto trote los dimos que se acabaron rompiendo y tuvimos que compar uno allí.

Desde el barrio de Triana al centro hay muy poca distancia y se puede ir tranquilamente de paseo. Es por esto que en unos minutos nos presentamos en la catedral de Sevilla y la zona de los reales Alcázares. Allí nos encontramos con unos coches de caballos que a todo el mundo se le antoja subir, pero negociad si realmente os apetece montar en uno de ellos porque del precio oficial al que al final te rebajan puede notarse bastante. Por allí además nos encontramos a unas gitanas que nos querían leer la buena ventura, y claro luego tienes que pagar tu futuro…o lotería que te venden en la calle pero con recargo, claro.

Y a partir de aquí todo fue descubrir una ciudad mágica, con una historia contada a través de sus monumentos y una gente encantadora. De Sevilla aún queda mucho que contar… ¿Te atreves?.